Los buzones forman parte del acervo urbano de nuestra ciudad, porque se encuentran vinculados con la identidad de los barrios y la memoria colectiva de los vecinos. Los primeros de ellos fueron de hierro fundido y de forma cilíndrica, importados desde Inglaterra, su diseño estaba inspirado en el sistema postal británico, más tarde comenzaron a fabricarse en el país por medio de los Talleres del Fénix de los hermanos Basch, después otras firmas se sumarían a esta tarea por ejemplo los Talleres Vasena e Hijos, la Fundición y Metalúrgica Nacional A. Maculus, los Talleres Metalúrgicos San Martín (TAMET), etc.
En la década del noventa con el auge de los correos electrónicos y las nuevas tecnologías cambió la forma de comunicarnos, fruto de ello los históricos buzones fueron desplazados y de esa forma fueron víctimas de un olvido que todo destruye, sin tener en cuenta que fueron durante muchos años una pieza fundamental en el funcionamiento del servicio postal argentino terminaron vandalizados con grafitis y pegatinas, se calcula que llegaron a existir aproximadamente 1450 y hoy solo quedan en pie 175.
Por iniciativa de las organizaciones vecinales comprometidas con la defensa del patrimonio urbano, se realizaron diferentes peticiones a las autoridades de la ciudad a fin de recuperarlos, de este modo la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano comenzó a realizar un trabajo de restauración de los mismos.
Los buzones representan una época, en donde las cartas eran la principal manera de comunicarse y relacionarse con el mundo, su presencia física en las esquinas, con su clásico color rojo bermellón, destinado a facilitar su visualización en la vía pública marcaron un importante punto de referencia barrial. De este modo forman parte de la cultura porteña, recordemos al respecto el nombre de un bar notable “El Viejo Buzón” ubicado en la esquina Neuquén y Espinosa, en Caballito, el cual debe su nombre al antiguo buzón rojo que se encuentra en la puerta, muy concurrido por los hinchas de Ferro y de un café notable “El Buzón” de Nueva Pompeya, un reducto tanguero vinculado a la vida del poeta Homero Manzi, instalado en la esquina de Esquiú y la Avenida Del Barco Centenera, que se encuentra también acompañado por otro buzón.
Al propio tiempo existe una distinción cultural creada en el año 1999 destinada a homenajear a personalidades destacadas de la cultura popular, el tango, el arte y el periodismo, conocida como “la Orden del Buzón” la cual surgió inspirándose en la famosa Orden del Tornillo, de Benito Quinquela Martín y además un tango lo recuerda con el nombre de “Pobre Buzón”, el cual fue compuesto en el año 1954 con música del maestro Carlos di Sarli y letra de Fernando Caprio y que en sus versos nos dice:
Pobre buzón... siempre parado en la esquina
recibiendo por tu herida
pedazos de corazón.
Te la pasás noche y día
y acumulás la alegría,
la tristeza o el dolor...
La viveza criolla, esa que prioriza el provecho personal, la astucia y la mentira por encima de las reglas, la moral y el bien común, también se encuentra presente en los buzones. En ese sentido tengamos en cuenta, lo que ocurrió en la ciudad de Buenos Aires en el año 1928 cuando por medio de un engaño callejero o cuento del tío, se cometió una estafa, puesto que vendieron un buzón. Todo comenzó en una esquina muy transitada, allí al lado de un buzón se paró una persona y comenzó a cobrar una suma de dinero a quienes pretendían depositar una carta, lógicamente todos ellos estaban de acuerdo, el que cobraba y los que pagaban, pues formaban parte de una misma banda de estafadores con distintas funciones, de esa manera esperaban que alguna persona curiosa e ingenua preguntara sobre esa situación. Tenían mucha paciencia y esperaron el momento justo, hasta que un pez mordió el anzuelo, en ese momento el supuesto dueño del buzón comenzó a explicarle los beneficios económicos que generaba esa tarea, al mostrar interés, de inmediato empezó a mostrarse como alguien desesperado, que necesitaba dinero en forma urgente, ya que tenía que viajar al interior para visitar un familiar enfermo, inmediatamente le ofreció el buzón a un precio de oferta y de ese modo concretó la venta del mismo.
Así surgió la famosa frase “te vendieron un buzón” y que se utiliza para definir a esas personas que fueron engañadas en su buena fe, aquellas que depositaron su confianza en el otro, al creer en su palabra y que de esa manera terminaron siendo embaucados en distintas circunstancias de la vida, desde relaciones amorosas hasta en inversiones bursátiles, financieras, comerciales, inmobiliarias, etc.
En los tiempos actuales las defraudaciones se modernizaron, ya que son virtuales o digitales, a través de internet, redes sociales y telefonía, pero la esencia siempre es la misma apoderarse del dinero ajeno, aprovechándose de la inocencia de la gente.
También podemos hablar de los buzones electorales, esos que son utilizados políticamente, para que el pueblo deposite allí en forma periódica y mediante un sobre, las falsas promesas de amor al prójimo de los candidatos, algo que muchos compran pues están llenas de buenas intenciones, luego el paso del tiempo termina poniendo cada cosa en su lugar y al no cumplirse con lo prometido comienzan a florecer en la sociedad , nuevos y renovados espejismos, con metas engañosas y sueños de poca duración, pero esa es otra historia.
Jorge Luis Santiso
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