Miles de peregrinos se congregaron el miércoles 7 de agosto en santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, para pedir pan y trabajo al santo patrono de la Providencia.
Bajo el lema "San Cayetano, amigo del pueblo, danos un corazón más solidario" , la celebración comenzó con la bendición y la primera misa de la jornada, antes de la apertura, la banda de la Policía Federal Argentina tocó el Himno como cierre de la vigilia.
Monseñor Iván Dornelles, obispo auxiliar de Buenos Aires, fue el encargado de abrir las puertas del santuario y dar la bienvenida a los feligreses dijo :
"Seguro que traemos en el corazón un montón de cosas que queremos pedir o agradecer. Le pedimos a este patrono del pan y del trabajo que Dios los bendiga a todos ustedes, sus familias, sus historias, sus seres queridos, aquellos que están en el cielo".
Monseñor Gustavo Carrara, vicario general de la arquidiócesis de Buenos Aires, celebró la última misa de la novena y bendijo a los presentes y los objetos religiosos: los rosarios, las estampas, las espigas.
"Vamos a bendecir las llaves de nuestros hogares, queremos la protección de Dios para nuestras familias. Vamos a bendecir también las fotos de los seres queridos, venimos a rezar por ellos. Vamos a bendecir también la tarjeta SUBE con la que salimos a trabajar o a buscar trabajo. Vamos a bendecir el agua que nos va recordar el bautismo, que somos hijos de Dios, que tenemos que cuidarnos como hermanos".
El Monseñor de Buenos Aires señaló que, como peregrinos se han vuelto a reunir en torno a san Cayetano, “El amigo del pueblo, al que le pedimos un corazón más solidario, el pueblo desde las entrañas de fe más profundas, reconoce al patrono del pan y del trabajo como amigo, frente a ladrones que desde hace años lo despojaron de todo.
Por todo eso San Cayetano es nuestro amigo: porque quiere que tengamos una vida digna con un trabajo que, no sólo sea un modo de ganarse el pan, sino un cauce para el crecimiento personal y comunitario; y también, porque quiere que todos tengan una educación de calidad que los haga protagonistas de sus vidas, verdaderamente libres de pensar y decidir, sin presiones ni condicionamientos. Por ser nuestro amigo nos hace bien venir a visitarlo y poner nuestra vida en sus manos, compartiendo con él alegrías y tristezas”.
Al comentar la parábola del Buen Samaritano, el Prelado porteño dijo : " el país desde hace años está herido, despojado de casi todo, medio muerto, como el hombre de la parábola que bajaba de Jerusalén a Jericó y fue víctima de los salteadores, San Cayetano nos quiere gratuitamente, como nos quiere Dios, no nos pide nada a cambio. Le importa mucho nuestra vida; clama al Cielo con nosotros por mejores condiciones de vida para todos.
El hombre cayó en manos de unos ladrones; hoy son manos manchadas de sangre por el narcotráfico que roba el futuro de generaciones enteras, manos sucias de corrupción y coima que roban oportunidades, manos en el bolsillo del egoísmo y la indiferencia que roban solidaridad.
Pero no nos quedemos reflexionando de los ladrones de esperanza y dignidad, profetas de calamidades y tragedias, porque estamos de fiesta, la fiesta de nuestro amigo San Cayetano. “Le traemos como regalo nuestras peticiones y agradecimientos, y le pedimos con el lema de este año, un corazón más solidario – porque experimentamos que cuando la sociedad se fractura y agrieta, son los esfuerzos solidarios los que vuelven a tejer fraternidad y compromiso.
No queremos pasar de largo frente a tantos heridos al borde del camino de la vida, frente a tantos rostros concretos, víctimas de la exclusión. Hay muchas maneras de pasar de largo: vivir ensimismados, desentenderse de los demás, ser indiferentes, o discutir en escritorios cifras de pobreza y de indigencia, esterilizadas de lágrimas y humanidad. Para el amigo San Cayetano, cada uno de los peregrinos es reconocido, escuchado, tenido en cuenta, llamado por su nombre.
Un amigo no pasa de largo, no mira desde lejos; y esto no es un tema de ideologías o posturas partidarias; es un tema de estar o no cerca de la gente sencilla de a pie, la que se levanta temprano para ir a trabajar, la que lleva los chicos a la escuela, la que la pelea todos los días para llevar el pan a la mesa familiar, la que sigue haciendo un esfuerzo enorme a pesar de todo.
Seguimos creyendo que el amor al prójimo y la amistad social son posibles y que vale la pena ser buenos y honestos.
El santuario de San Cayetano es como aquella posada del Evangelio: recibe a los heridos de la vida, recibe a los golpeados en su dignidad por la falta de trabajo y por una miseria lacerante y creciente, recibe a los que están profundamente angustiados y solos, recibe a nuestros jóvenes, y también a los abuelos.
Que nuestro bendito país sea una verdadera posada para todos, sin excluir a nadie, y en este tiempo lo hemos demostrado acompañando bien de cerca a nuestros hermanos venezolanos, la comunidad inmigrante más numerosa en la ciudad de Buenos Aires, a quienes hospedamos con el afecto, la cercanía y la oración.
Que ese modo de ser se nos haga costumbre: que desde el corazón todos seamos hospederos de la vida de los otros; todos hermanos, amigos de San Cayetano, que hoy más que nunca, nos anima a la solidaridad con los más pobres y pide con nosotros paz, pan y trabajo”.
Redacción Línea Oeste
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