Linea Oeste

EL PODER DE LAS PALABRAS

25/07/2023
EL PODER DE LAS PALABRAS

“No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

…………………”

Mario Benedetti

1.- CREACIÓN DE LA REALIDAD

La intención de este escrito es invitar a reflexionar acerca del valor de lo que decimos y el valor de  lo que escuchamos, en relación con nuestra construcción y comprensión del mundo en que vivimos, y los eventos que percibimos o nos relatan.

Porque una cosa es la percepción directa, en la cual ponemos los conocimientos previamente adquiridos y la propia vivencia del acontecimiento, y otra que nos llegue de segunda mano. Por ejemplo, no es lo mismo haberse quemado y saber de qué se trata, que  la referencia proveniente de presuntas experiencias ajenas, en muchos casos no comprobables de manera directa.

En esta construcción discursiva  de la  realidad, quienes hoy en día vivimos inmersos en una circulación mediática masiva, globalizada y de fácil acceso, posiblemente suframos de sobresaturación de datos, en algunos casos incoherentes, contradictorios, verdaderos o falsos, que nos colocan en la situación de tomar posición frente a una realidad ilusoria, construida a través de lo que nos llega o lo que elegimos leer o escuchar.  Digo ilusoria no porque crea que vivimos en el mundo de la Matrix y que nada de lo que sucede es real, ya que hay eventos que podemos confirmar por nosotros mismos, sino porque nos encontramos ante la instancia de vernos obligados a verificar todo aquello que se nos cuenta.  Podemos ver que ante un hecho comprobable, por ejemplo el lanzamiento de un satélite comunicacional argentino, encontraremos a los exégetas del hecho y de los discursos que lo acompañan, diciéndonos que es lo que debemos interpretar, según el rincón desde donde nos hablan,

Nunca antes fue tan necesario ser un receptor activo, a la hora de comprender un discurso.  Y cuando digo discurso hablo de enunciados que se transmiten,  y que necesariamente deben leerse o comprenderse según quien los emite, en su contexto y reconociendo las marcas que siempre deja el emisor en el mismo, marcas identitarias de género, de pertenencia social, de sectores definidos políticamente, que permiten reconocer intencionalidades y motivaciones.  No necesariamente en un sentido malicioso o conspirativo, pero reconocer estas marcas permite comprender profundamente el mensaje que nos está siendo entregado.  Este mensaje puede ser hablado, escrito, en forma de imagen o combinación de estas tres modalidades, es el caso de la televisión: muestran algo, hay un zócalo escrito que orienta la percepción o distrae de lo que se está mostrando, y hay tal vez una voz en off que nos explica que es lo que debemos ver en lo que se nos está mostrando.

2.- EL PODER DE LAS PALABRAS

Tal poder está en la capacidad de las mismas de nombrar el mundo, de instituir, de explicar nuestro universo, nuestra relación con el mismo y determinar emociones, comportamientos individuales y sociales y desde esta capacidad instituyente, generar realidad y definir todo lo que conocemos.  

Todo lo que se nombra adquiere existencia, es por eso que hubo que inventar una notación científica para dotar de nombre propio a todo ser viviente sobre el planeta, aquello no viviente, lo que excede a nuestro planeta, sistema solar y galaxia, y aun a los diversos universos mitológicos según los cuales diversas culturas explican orígenes, prescripciones para la Vida y también proscripciones.   Cualquier religión, por poner un ejemplo, tiene un listado de cosas que no deben hacerse, porque nos hacen merecedores de castigos.  

Por lo tanto, la emisión de un discurso conlleva una responsabilidad ética, relacionada con la transmisión de la verdad.  Y acá entramos en otro dilema: la verdad puede no ser lo mismo para personas o sectores sociales diferentes.  Por ejemplo, hablar de la existencia o no de un Dios único.  Lo que contraviene abiertamente este marco ético al que hago referencia, es la elección de una parte de los que se transmite para que concuerde con la intencionalidad, o la omisión  de cuestiones o palabras clave, o la negación de hechos históricos comprobables o comprobados, o la tergiversación discursiva de un evento social, cultural o tecnológico del cual se puede tener evidencia directa.   O la emisión de un discurso basado en la mentira, sobre la base de la credulidad a priori de personas que basadas en preconceptos o prejuicios previamente instalados comunicacionalmente, están predispuestas a creer y repetir lo que se les entrega, aun cuando esto contradiga la realidad vivida, o sea que podría ser fácilmente comprobable.

¿Qué es lo que hace que este tipo de discursos, a contrapelo de la realidad, circulen socialmente?

Por un lado, la aceptación acrítica basada como ya se dijo en el preconcepto, y agrego, sobre un sentido común que es operativo a la hora de esta aceptación, y que también es instalado comunicacional y masivamente de manera mediática.  Es una ventaja para este tipo de operaciones comunicacionales, la existencia de monopolios de medios masivos de comunicación, que no son solo locales, sino que operan a nivel global.

Otro motivo es la falta de práctica social para poner en duda lo informado.  A pesar que ya en el temprano siglo XX películas como Ciudadano Kane advertía del poder social y político de los medios, el crecimiento rápido del acceso a la información a través de la red global no trajo aparejado una mirada crítica sobre lo transmitido, ya que los procesos sociales de apropiación y uso de la tecnología son más lentos que la producción y difusión de la misma.  Es necesario, entonces, un nuevo proceso de aprendizaje que, así como sabíamos  que “no porque sale en el diario es cierto”, amplíe estos límites y nos haga buscar cuales son las certezas en la red, aun cuando estas certezas no coincidan con nuestros preconceptos.

En esto, como mínimo debemos preguntarnos quien dice lo que estamos escuchando o viendo, para quienes lo dice, desde donde lo dice (lugar social, medio, organización de cualquier tipo, Estado), y sobre todo en que contexto.  Se puede ver fácilmente que el mismo discurso adquiere distinto significado si es emitido en un club de barrio que si es transmitido por cadena nacional.  Aun usando las mismas palabras provenientes del mismo/a emisor/a.

A continuación, quiero proponer un breve ejercicio que hasta puede tener un carácter lúdico, y en el que tomaré partes de publicidades del ejecutivo local, o sea el gobierno de Cambiemos/PRO en la CABA, para tratar de encontrar otros posibles significados además de lo literal, contrastando con la realidad.  Esto es algo que todas y todos podemos hacer, ya que el acceso directo a lo real en el lugar en que vivimos, lo tenemos.  Solamente tenemos que tomarnos el trabajo de mirar.

3.- REINO AMARILLO

Hace 16 años, cuando pusieron pie en la Ciudad, una de las primeras acciones de gobierno fue instalar el color amarillo en cuanta señalética y cartelería se instalara públicamente.  Acompañado de una estética sobre la cual no vamos a profundizar en este artículo, pero que habla por sí misma a través de lo que se denominan “transformaciones” y que inciden de tal manera en el paisaje urbano identitario, que operan en el sentido del borrado de memoria de la Historia local y en una enajenación de los lugares que son nuestros por su relación con nuestras vivencias.  A la manera del marcado de bienes y ganado, en las estancias.

La novedad es que, aunque se mostraron resistencias de distinto tipo, aparece un nuevo mensaje: La transformación no para, acompañado de “cambiar la vida” y “transformar para siempre”, casi una amenaza.  Porque si no somos protagonistas de los cambios en nuestra vida, es que estamos instalados en el 1984 de Orwell, y se nos priva de ser sujetos activos en la construcción de vida, sociedad y por lo tanto lugares en que habitamos.  Es más desconcertante la contradicción “transformar para siempre”, en la cual se convierte un proceso dinámico en algo que sucede una sola vez, y de ahí en más todo se cristaliza, se inmoviliza, muere, y sin decir cual sería ese perfecto e inmóvil estadío final presuntamente venturoso, de cuya construcción no tomamos parte.

Se complementa muy bien con ese “Vamos Buenos Aires”, ya que tampoco dice con quienes, a que lugar social, cultural o económico vamos, cuando desde la experiencia vemos que vamos a ser invadidos por torres (de otros), cementados hasta donde es inimaginable colocar cemento, y privatizados hasta en las veredas de nuestras casas, piensen en los parquímetros y en los decks habilitados en lugares como Palermo o San Telmo.

Otra publicidad hace alusión al logo impuesto a la Ciudad, que tiene un hermosísimo escudo, antes usado (aun en su versión estilizada) como sello del Estado Municipal presente a través de instituciones o información.  Logo es otra cosa.  Es un concepto comercial, no es construido históricamente, no tiene raigambre en el conocimiento colectivo, pero se instala.  Y el poder simbólico de su asociación con las gestiones que lo impusieron y sostuvieron, también hace referencia a una marca de propiedad.  Esto es, la ciudad pertenece al sector social que impuso la marca.  Como en las estancias.  No es casualidad.

La publicidad en cuestión dice “Brazos Abiertos”, y hay tres versiones: a la seguridad, a la educación, a los emprendedores.  Con respecto a la seguridad, esta es la ciudad donde la Policía local baleó a pibes de una murga en el Barrio Ricciardelli, donde se reprimió a jubilados manifestando en contra de una reforma perjudicial en los inicios de la presidencia de Macri, donde la amenaza de represión es explícita.  Pongo estos ejemplos, cualquiera podrá seguramente agregar alguno.

Con respecto a la educación, esta es una Ciudad rica, la que tiene el mayor presupuesto del país, pero que se limita a sostener un mínimo mantenimiento sobe escueldas existentes, donde hay 25.000 chicos y chicas sin vacantes, barrios sin escuelas secundarias, donde no se entregaron las herramientas tecnológicas para tener clase durante la cuarentena propiciando la permanencia en las aulas y por lo tanto el contagio, la enfermedad y en algunos casos la muerte.  Donde una ministra minimiza este hecho, seguramente basada en su personal opinión de casta, que emite alegremente: “los maestros son fracasados, eligen la docencia como última opción, son viejos” (no es textual, pero es el espíritu).  Ni hablemos de la invasión de ratas en los colegios porteños, o las viandas en mal estado, o la censura a la enseñanza de la Historia o el negacionismo, penado por ley en países como Alemania. ¿Abrir los brazos a la educación es esto? 

Con respecto a abrir los brazos a emprendedores, quiero recordar dos cosas: la represión de manteros en diversos puntos de la CABA, en lugar de establecer espacios en los que pudieran llevar adelante su emprendimiento.  Y la segunda, la represión a pequeños productores, inmortalizada por la foto de una señora recogiendo una berenjena (Avila, Plaza Constitución, 14 de febrero de 2019), en el que la Policía de la Ciudad reprime un reparto público y pacífico de verduras.  Podemos preguntarnos, entonces de que se habla cuando se dice “seguridad”, y si esta seguridad es para todas y todos.

El último análisis tiene que ver con el verbo “decidir”, y no voy a mostrar todas las variantes, que tienen una lógica similar. Dicen “decidieron aumentar la pobreza” (en un mundo post pandemia, empobrecido de manera general, y con una concentración de la riqueza significativa en lo local y en lo global, sin tener en cuenta los recursos invertidos en recomponer y construir hospitales, gracias a lo cual no tuvimos muertos en las calles como sí los hubo en EEUU y Europa, y sobre todo sin considerar la nueva atadura al FMI, herencia de quienes emiten el discurso mencionado); y esto se contrapone a “decidimos igualar para arriba” que tiene por lo menos dos lecturas: una, como apropiación de un enunciado no propio de la derecha, sino mas bien de la tradición peronista, con la intención de vaciarlo de identidad y significado. 

La segunda lectura da cuenta de una burla a la ciudadanía porteña, que en estos momentos está desde las 15 comunas enfrentando la proliferación de torres, que beneficia solo a las empresas de construcción e inmobiliarias.  Lo peor de todo es que en el Código Urbanístico vigente, aprobado por mayoría automática de la gestión,  aparece la categoría de “enrase”, como facilitador de excepciones a la carta.  De que se trata?  Si usted coloca un edificio en cada esquina, todos los terrenos de la misma cuadra pueden solicitar permisos de construcción que equiparen a los ya construidos, teóricamente por una cuestión estética, pero debe haber otros motivos.  Y se trata de enrasar.  O sea igualar para arriba.

 

Cristina Sottile

Lic. En Cs. Antropológicas -  FFyL - UBA

 



 
 

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