Linea Oeste

Se presentó el libro "Toros, toritos y torazos"

11/02/2017
Se presentó el libro

Gastón Raffo tiene 44 años y es quien  ha escrito un libro de cuentos sobre el barrio de Mataderos, es por ello que al encontrar casualmente el libro, en el kiosco de diarios de Avda . de los Corrales y Lisandro de la Torre, desde nuestra redacción quisimos conocerlo y saber algo más sobre este  escritor y su relación con la literatura. 

Cómo surge tu interés por la escritura?
Si un tiempo atrás me preguntaban si alguna vez escribiría un libro hubiera contestado definitivamente que no. De hecho no fue algo premeditado, fueron ideas y gustos que se fueron juntando. Comencé a escribir hace cuatro años sin más intención que entretenerme creando cuentos que puedan resultar interesantes y para compartir, a lo sumo (y si es que el resultado más o menos me convencía), con algún familiar o amigo.

Por qué elegiste la temática barrial? 
Como a muchos les pasó, las primeras historias que intenté contar fueron las que sentía propias: las de mi familia, las de mi barrio. Yo no fui ajeno a esa necesidad. Mis abuelos, mi lugar y mis colores fueron las primeras musas, todas relacionadas con el barrio de Mataderos,  mi familia materna es de Mataderos, mis abuelos nacieron, se conocieron y siempre vivieron en ese lugar, su vida social pasaba por el club Argentino, mi abuelo que  falleció hace unos años, era carnicero y trabajó en el frigorífico. Él me hizo hincha de Chicago,  con la complicidad de otros cercanos,  mi abuela aun vive y ya tiene 91 años. 
El primer cuento que escribí ,Toro falso,  es parte del libro y, a pesar de que a mi hijo no le haya gustado el final, seguí probando con anécdotas de mis abuelos, a quienes va dedicado el libro, del barrio, de Chicago, de Justo Suárez. Mis primeros cuentos no salían de ese eje.

Algunos cuentos del libro no tienen que ver con el barrio, pero todos tienen el mismo eje temático:  los toros.  
 El símbolo del toro me llevó a seguir buscando historias que iban más allá de mi barrio y leyendas cercanas. El Torino, Toro Sentado y Buffalo Bill, también historias de toros reales, como el que se convirtió en un regalo de Perón a Trujillo, San Fermín, toreros, fábulas, el minotauro y hasta un cuento que el centro de la historia es un toro mecánico. En el prólogo del libro, digo que siento la obligación de contestar una pregunta casi obvia: ¿por qué escribir acerca de toros?, pero lo primero para decir es que no tengo una respuesta demasiado contundente, se fue dando. La mitad de los cuentos del libro responden a la motivación inicial, el resto corresponden a otros toros, no siempre cercanos al barrio.

Participaste en algún taller literario o en alguna actividad que te haya permitido adquirir herramientas para escribir?
Después de escribir unos diez cuentos,  todos con esta idea,  ya estaba la idea del libro, y mi hobbie ya tenía un objetivo. Como no me sentía muy seguro busqué perfeccionarme en la escritura, tener más herramientas, que mis cuentos estén más trabajados. Y me encontré con Osvaldo Beker, que me ayudó muchísimo desde su taller. Él participó de la corrección y luego de la presentación del libro. También escribió el prólogo donde dice que lo que hice en el libro fue ponerme a jugar con la lengua, el idioma y las palabras; que tomé un vocablo y lo hice explotar. Así, a los “toros”, les di distintos significantes, rostros, sentidos y figuraciones. Finalmente quedaron 8 temáticas con tres cuentos cada una y una yapa.
Todos los cuentos del libro nacen de circunstancias o hechos ciertos, pero a la vez los atraviesa la ficción. Ninguna de las historias de este libro es solo fruto de la creatividad o la fantasía literaria, todos incluyen alguna experiencia, anécdota o hecho histórico, aunque solo fuera para la inspiración. Si leen el libro, no terminen de creerse ningún cuento. 

El libro tiene un posfacio,  algo poco común en general. 
Si,  en el posfacio, dejé algunas reseñas con pistas de esos hechos y algunos links para curiosos. Una práctica que los historiadores tienen incorporada y que sorprendió, dice que gratamente, a Orlando Falco, el Director del Museo Criollo de Los Corrales, cuando leyó el libro. Otros fueron más críticos con respecto al posfacio, ya que consideraron que le quitaba algo de magia. En fin, sobre gustos…

Qué podrías decirnos sobre esta experiencia de escribir, editar, distribuir y tratar de comercializar un libro, sobre todo teniendo en cuenta que trabajás haciendo otra cosa? 
Si yo trabajo en una empresa  de investigación de mercado y estudié Relaciones Industriales y si, esta experiencia me cambió un poco.
Todo nuevo: la edición independiente, la presentación del libro y ahora estoy en la difusión. Un escritor independiente amigo, Mariano Ritterstein, me aconsejó sobre varias situaciones, pero creo que esta parte es la más difícil: lograr que la gente lo quiera leer. No es fácil que el libro esté disponible. El objetivo está claro: es que me lean, la finalidad de esta etapa no es económica, con recuperar lo invertido será suficiente, lo importante es llegar a los lectores.
Además de la presentación del libro, que la hice en “Barvarie”, también participé del Congreso del Foro de la Memoria de Mataderos al que me invitó Zulema Cañas y de quien estoy muy agradecido. El libro está en una veintena de canillitas en Mataderos, en las tiendas de Chicago y en la web buscando lectores. Todo es muy artesanal e intento disfrutar de esta etapa tanto como fue escribir, corregir, editar o crear la tapa.

Cómo sigue tu camino como escritor?
Sigo escribiendo. Algunas cosas tienen continuidad con respecto al libro. Estoy trabajando en una novela, que está bastante avanzada, que nació como un cuento para “Toros, toritos y torazos” pero fue creciendo tanto que tuve que sacarla. Igual lo que más me gusta es escribir cuentos, ya tengo más de sesenta escritos. Igual, como nadie me corre, voy disfrutando del viaje.

 

Fragmento del cuento “Rosalía llora a Justo”

 

Lo extraño a mi hermano, lo extraño aunque esté a mi lado. Ya casi no habla, son pocas las horas que me da algo de charla. Siempre tan orgullosa del hermano que me tocó y ahora me siento una Magdalena, esperando la última vez que tosa, la última vez que escupa sangre.
    Era tan fuerte mi hermanito. Siempre lo quise tanto. Éramos muchos y de algunos mejor ni acordarse. Traer a más de veinte hermanos a este mundo, y todos en esa pobreza. Y nuestro padre. Cuánta inconciencia… ponernos un número a cada uno. Justo creo que era el nueve. El mío ni me acuerdo. El de Elvira tampoco me acuerdo. Es que a las mujeres nos llamaban por el nombre. Claro, siempre a pedirnos que hiciéramos algo de la casa.
    Pero ahora está tan malito. Serán las piñas que le metían en el cuerpo, le pegaban en los pulmones, le habrán hecho mal. Y ese Peralta que se me viene de vuelta a la cabeza, qué mala gente, así no se toma uno revancha, eso es cobardía. Si ya había perdido. Si ya todos sabían que Justo era el mejor. Pero se quiso aprovechar el muy traidor.
    Pero mi hermano era valiente. Su valentía no le venía de los huevos, le venía del medio del pecho, de su corazón. No era valiente solo porque se fajaba con otro en un ring. Era valiente porque parecía que no tenía miedos, que ya los había vencido. La pobreza solo te hace temeroso, tenés miedo de todo, hasta de salir del barrio. Pero él siempre iba un paso más, un escaloncito más, no se achicaba. De la casa a la calle, al mercado, al matadero, a los clubes de los barrios, a la cancha de River. Los barcos, Nueva York, el Luna Park. No le importaba si conocía o no conocía, siempre pa'l frente.
    Su debilidad era su mujercita. Con ella era cobarde. Otra turra. Para mí que tenía miedo de perderla; y la perdió. Era linda, pero no valía un centavo. Claro, ella se había casado con un campeón, un campeón en todo: en el ring y en la vida. Pero ya sin título y sin salud no fue más campeón y no fue más su marido. Cuando el cura los casó se ve que ella no escuchó bien lo de la adversidad y la enfermedad, solo escuchó lo de la prosperidad y la salud. Se borró, se llevó al pibe. Si hubiera sido amor, ella estaría acá, no yo.
    Pero las cosas se dieron así. Ni Elvira pudo venir, ella sabe de esto, es enfermera, hubiera sido más útil que yo. Es así, estoy yo y lo hago con todo el amor del mundo. Lo miro a Justo. Tan solo, tan enfermo. No se merece esto después de todo lo que nos dio.


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